Yo, Daniel Blake

Yo, Daniel Blake
Cris Zurutuza - Prensa & Comunicación

El director Ken Loach regresa con una película que se esfuerza por generar conciencia social, sin resultados óptimos.

Daniel Blake (Dave Johns) es un carpintero viudo que acaba de recuperarse, al menos de forma parcial, de un infarto masivo. Por este motivo no puede volver a trabajar y entra en “la casa que enloquece” (recuerden las 12 pruebas de Asterix -1976, si no la recuerdan es hora de verla!) que básicamente son las oficinas de representación estatal donde no puede acceder ni a una pensión de empleo ni a una ayuda para la búsqueda de trabajo.

En una de las escenas que pretende denunciar con “comedia” (¿se puede denunciar de otra manera?) el aparato burocrático que hace ir siempre en busca del formulario a-38 (en serio, vean Asterix, la animada que es francesa, la de verdad), el protagonista debe escuchar una versión midi de Vivaldi mientras espera por horas para responder una serie de preguntas, o solicitar que vean su caso porque no logra cumplir con los 15 puntos necesarios para la pensión.

Entre acciones de muy buen vecino y un carácter intenso pero siempre adorable, el protagonista de Yo, Daniel Blake (I, Daniel Blake, 2016) termina conoce a Katie, una joven madre que trata de sostener un hogar y se ve atrapada en ese sistema opresivo y despersonalizante.

Blake aprende mínimamente a usar internet para seguir con el trámite del trámite del trámite mientras ayuda a Katie a arreglar su hogar y a encaminar su vida: hace manualidades con peces y hasta puede hacer reír a un niño que padece de cierto grado de autismo.

La madre soltera con problemas para proveer el hogar y el anciano que quiere trabajar pero su corazón no lo deja, emprenden una pequeñísima cruzada que finaliza tan rápido como empieza, en una rebelión adolescente y la aparición tardía del Estado. El final es más que previsible.

Loach ofrece un aburrido y trillado drama que intenta la tragicomedia y el golpe bajo, pero tampoco llega. Es como si un duque británico hubiera despertado en un barrio proletario y se asombrara de ello; la ironía nunca es punzante, la comedia no es hilarante y los guiños con la tercera edad carecen de originalidad.

En definitiva, aunque aspira a la crítica socio-política de aquella isla en el Norte, los momentos empalagosos y rosas (en el peor sentido del término) hacen que sea tediosa y poco arriesgada.

 

Texto: Jimena Bezares

Reseña
Calificación
yo-daniel-blake-2El director Ken Loach regresa con una película que se esfuerza por generar conciencia social, sin resultados óptimos. Daniel Blake (Dave Johns) es un carpintero viudo que acaba de recuperarse, al menos de forma parcial, de un infarto masivo. Por este motivo no puede volver...