Cuando el espectador se sienta a ver una película de Disney sabe que, durante ese tiempo, se trasladará a un lugar mágico, no importa si es un castillo, el universo submarino o un barrio de alguna ciudad que no se encuentra en el mapa. Con motivo de los 100 años, la productora creó una historia simple y encantadora, para grandes y chicos, que hará que todos se vayan mejor que como entraron al cine.
Asha vive junto a su madre y su abuelo en el reino de Rosas, lugar que se caracteriza por la presencia del rey Magnífico, quien cada año realiza una fiesta en la que le cumple un deseo a alguno de los pobladores. Las cosas comienzan a cambiar cuando la joven soñadora pide un deseo tan poderoso que es escuchado por una fuerza cósmica: una pequeña esfera de energía llamada Estrella.
Wish: El poder de los deseos (2024) es un film que parece no tener demasiadas pretensiones, pero cierra por todos lados. Por momentos, parece que Disney quiso volver a sus orígenes con esta película: el argumento es concreto, la protagonista y su mascota (el cabrito Valentino) son encantadores, el malo es realmente malo y la magia tiene un lugar central.
Con vestigios de películas anteriores en los que la imagen era más artesanal y no se requería tanto de la tecnología, el dibujo es agradable de ver. Y se le suman canciones pegadizas, momentos cómplices, y vínculos familiares y de amistad sanos, que le aportan calidez.
Como es habitual, Disney deja un mensaje a través de la historia sobre el que se puede dialogar con los más pequeños de la familia. Pero también tiene la capacidad de mover fibras internas en los adultos con un concepto tan simple -y a la vez tan complejo- como lo es la concreción de los deseos que cada uno tiene.
Por Jimena Díaz Pérez





