Poco a poco la primera imagen se descubre. Es el trasluz de una figura humana, avanzan los segundos y el cine nos muestra un hombre conduciendo un auto, a la salida de un túnel en una autopista. Solo. Se sabrá luego que se llama Trojan. Serio, porta gesto adusto, afeitado, rasgos constantes a lo largo de la película. El tiempo es otoño, día gris, hojas caídas en la vía pública, da la sensación de frío. Metáfora de las imágenes, porque el resto de los personajes a descubrir parecen témpanos, de escasas sonrisas.
Trojan ingresa con su auto a un barrio de casas elegantes, sobrias, de pocos ornamentos. Él, por un lado conduce la trama, en cambio su coche introduce otra constante, algo así como un tema, una idea, porque los autos aparecen más presentes de lo que uno se imagina. Se imponen como espacios, como objetos,
como vías de escape, como decoraciones y como marcas. ¿Es una película fierrera? No, pero en parte podría. Tan solo es un punto de vista.
El personaje principal, interpretado por Mišel Matičević, espera. Es un ladrón y de presencia distante. A simple vista muestra que su trabajo lo hace bien. Astuto, silencioso, seco. El phisique du rol es para destacar. Las largas pausas es otra forma de narrar permanente. El primer robo tiene lugar en uno de esos hogares. De allí Trojan se lleva un par de relojes.
Al rato, una vez concluida esa secuencia, y después del fracaso de una operación (no vamos a spoilear), surge el relato principal y punto de giro de la historia: robar un cuadro de mucho valor en un museo. Una conocida de tiempo atrás le hace la propuesta a Trojan; una mujer no menos seria que él. Acepta. Entonces, tras ser todos muy prácticos, se forma un equipo. Empieza la acción. Y todo lo que sucede
de ahí en adelante se convierte en un audiovisual elegante, con ritmo pausado, concreto y de pocas palabras. Menos es más.
Tras su paso por el Festival de Berlín y el Festival de Cine Alemán en Buenos Aires, esta película de Alemania se estrena hoy en las salas comerciales del país. Está dirigida y escrita por Thomas Arslan y muestra un suspenso bien construido y suficiente para mantener la intriga. Tiene una duración de 101 minutos y el resto del elenco lo encabezan Marie Leuenberger, Alexander Fehling, Tim Seyfi, Marie-Lou Sellem. Tiene tintes de policial, de film noir y de thriller. Tal vez lenta, pero con el tiempo justo y necesario para esta aventura, Sin códigos (2024) es entretenida, clásica y perfectamente filmada. Dispone de códigos narrativos. Interesante, en el mejor sentido de la palabra.
Por Luis Laffargue



