Las primeras imágenes muestran una fiesta, un cumpleaños, el baile y un matrimonio sentado en una mesa. Ella y él dialogan, sonríen. Están rodeados por varias personas. Todos, ese grupo que puede identificarse como la familia, también festejan. Hasta que un personaje revela un dato sobre la salud del agasajado, es decir, su padre. Escena posterior: Rose (Françoise Fabian), la protagonista, correcta en su interpretación, tapa un espejo con una tela. Quedó viuda. Emerge la tristeza, el desánimo en esta señora de mechón blanco, distinguida, de ojos claros y aire calmo.
Acontece el velorio, judío en este caso, está la reunión familiar, los acontecimientos de un evento donde nadie en esa historia sabe qué hacer exactamente, por lo menos en esta historia. Funciona como un adelanto, particularidades de los personajes que luego se verán en la trama. Tras el cementerio, después de que la historia plantea el dolor, se presenta el hilo conductor de esta ficción: el recomenzar de la vida. Poco a poco esta madre de 78 años comenzará a salir adelante, irá observando, porque, es notorio, ella se toma su tiempo para analizar situaciones ante sus ojos, como estudiando a las personas que la rodean. Rose saldrá como se pueda, porque, en definitiva, los duelos son tan personales como cada ser es distinto al otro. ¿Qué hará Rose con su vacío interior? Deberá descubrirlo usted, simplemente.
Con tintes de comedia de a ratos, a la par de la vida de la protagonista suceden las subhistorias de cada uno de sus tres hijos, dos varones y una mujer. Inconclusas, breves, pero que ayudan a entender otros tipos de duelos que las personas transitan a veces. Rose (2023) cuenta con un elenco conformado por Aure Atika, Grégory Montel, Damien Chapelle, Pascal Elbé, Michèle Moretti, Bernard Murat y Mehdi Nebbou, que acompañan bien a la dama en su nuevo devenir. La película está dirigida por Aurélie Saada quien también escribió el guion junto a Yaël Langmann, en este drama francés que se estrenó hoy en diferentes salas del país y que tiene un mensaje que roza entre lo superacional, la ternura y el respeto. Sobre todo por lo que cada uno debe tener en relación a los otros, pero en este caso en clave alegre, lejos de la melancolía. Es el trayecto de una transformación, con todo lo que ello implique.
Sin entrar en el prejuicio, el film exhibe un relato personal, expresión que la prensa extranjera ha citado en varias oportunidades. Este texto tampoco escapa a eso. Rose es un relato personal de un personaje de ficción, pero que puede ser replicado en tantas otras personas que hayan atravesado la misma situación.
Por Luis Laffargue



