Provocadora desde el título, la película de Matías Szulanski aporta nuevas esperanzas a la reivindicación de la clase b. En un historia narrada en capítulos con mucha sangre, máscaras y buena música (en ese orden), el film trascurre como un trabajo o un negocio encargado por Gorda a Pendeja y Payasa, dos desquiciadas a lo latinoamerican Tarantino. La misión será conseguir un par de riñones sin hacer demasiadas preguntas y teniendo que sortear algunos inconvenientes.
Gorda (Mirta Wons, soberbia y maravillosa actriz que literalmente se come la película) es una de las villanas mejor logradas del cine argentino de los últimos años; a su vez, la otra malísima Hernández (la fantástica Claudia Schijman) le pelea el podio en una película llena de personajes femeninos que reivindican de forma extrema su poderosa, sangrienta y agresiva femineidad. Es justo resaltar que el director logra que todos sus personajes femeninos se luzcan sin opacar a los pocos varones que se animan a cruzarse por el camino de estas hermosas locas, uno de ellos será Martín (Germán Tripel) que es un partícipe necesario y hace de un boludo perfecto.
Llena de guiños de autor y con un guion bien escrito, Pendeja, payasa y gorda (2017) aporta a un cine intelectualoide sin perder encanto. Busca tanto la polémica que irrita, pero las actuaciones, las locaciones y la música son tan buenas que complacen.
Con ansia de polémica Szulanski le pifia en el tempo pero acierta en todo lo demás, entonces, bienvenido el neotarantinismo. Película ideal para ver con las feministas amigas…o… enemigas.
Texto: Jimena Bezares



