Es hermoso amar, y ser libre al mismo tiempo es una frase del libro Henry y Jules, de Anaïs Nin, mencionada en una escena de Mi querida señorita (2026), película recientemente estrenada en la plataforma Netflix. Bueno, esa frase en la vida de Adela, la protagonista, funciona al revés. Ni ama (en apariencia), ni es libre (en evidencia). Basada en su versión homónima de 1972 (tan dura, pero tan dulce al mismo tiempo, vale re visitarla y hacer un ejercicio de comparación), de Jaime de Armiñan, en esta remake libre las cosas se muestran distintas, manteniendo algunas ideas centrales.
La historia se sitúa en 1999, con otra Adela. Trabaja en el taller de restauración de arte de su padre, en Pamplona, y es catequista a la vez. En su pueblo/ciudad/sociedad la llaman “La caballo”. Su mirada despierta introspección, dudas y preguntas. Poco sabe de ella, de su cuerpo, de su ser. Conoce la soledad y el silencio. Vive con sus padres, un matrimonio conservador, sin quedar en claro si la sobreprotegen a ella o al secreto: Ade es intersexual. Última palabra que, en la obra de los ´70, no se menciona.
La trama presenta personajes variopintos, con la misión de quitarles las piedras o por lo menos aliviar el camino de la muchacha. Un ejemplo para destacar es el cura gay que encuentra el amor en cristo, en la iglesia, tras haber pasado años oscuros, mucho amor y mucha sombra; novedoso su planteo y vínculo con la Iglesia. Tira frases como esta: “la vida es Pasión, desde Cristo, a Mónica Naranjo”. En ese sentido el guion contiene diálogos curiosos y graciosos, en tanto otros sirven como un libro de autoayuda. Otra cita: “La próxima vez que te llamen La caballo, acuérdate que vienes de una familia de yeguas”, dice la abuela de Adela; se llama Adelina la mujer.
Llega el conflicto matriz, momento clave para Ade, y, finalmente, se entera de la verdad, en una escena cuidada y didáctica por la información que brinda. Entonces la joven cansada de la no libertad y del no amor, huye a Madrid. Como tantos seres solitarios partieron de su pueblo y buscaron vivir en la gran ciudad (debería haber un género cinematográfico al respeto).
Mi querida señorita es entretenida, narra, convence, concientiza con buenas intenciones. Se exponen paralelismos entre lo que está bien y lo que no, como si fuera una segunda lectura. El reparto se divide entre los convincentes y los que no. En cambio, la protagonista es dulce, tierna y amorosa/amoroso/amorose. Se entiende su tono y andar pausado, contexto y su fisonomía, aunque… más allá de dejar todo en el set, hay escenas donde no es verosímil. Como si fuera una gran voz, pero por momentos desafina. Aún así el relato ofrece un mensaje y llega a buen puerto.
La nueva producción de Los Javi (Javier Ambrossi y Javier Calvo) fue dirigida por Fernando González Molina, protagonizada por Elizabeth Martínez, y acompañada, entre otros, por Paco León, Anna Castillo, María Galiana. La propuesta hace visibles problemáticas que, a esta altura del partido (y del mundo) no deberían suceder. La visibilización sobre la Intersexualidad es su principal logro. El viaje del héroe es Adela despertando, en su interior y exterior. Y así, despierta a todos.
Por Luis Laffargue



