En un futuro postapocalíptico y en una mezcla de steampunk con la Tierra Media, esta película producida por Peter Jackson y dirigida por Christian Rivers es un aparato que nos mata de aburrimiento.
En una nueva Era que remite a nuestro presente como “el mundo antiguo” y en ciudades móviles que son gigantes carromatos a lo Mad Max, existen dos tipos de organizaciones sociales predominantes: las ambulantes y las depredadoras (protagonizada por una especie de neo-Inglaterra). Aquí nos encontraremos –como representantes de cada tipo de ciudad- a Tom, hijo de historiadores –en este film la historia y arqueología marcan parte de la trama-, y a Hester una joven en búsqueda de venganza. Ambos cruzaran sus destinos para descubrir oscuros asuntos geopolíticos y para protagonizar una de las historias de amor más cursis y mal pensadas del cine de cy-fy de los últimos años.
Con una idea potente como plantear un neocolonialismo sobre ruedas y armas de destrucción que desafían las leyes de la física, Máquinas mortales (Mortal Engines, 2019) no logra focalizar en ninguna de las propuestas interesantes quedándose con una gran producción empañadísima por un pésimo guión.
Larga, aburrida y con actuaciones que no se destacan, sólo califica para pasar las agonizantes horas de un domingo a la noche. Con suerte.
Por Jimena Bezares



