Eva es guardiacárcel en una prisión en Dinamarca. Cumple su función en un pabellón particular, presos “inofensivos”, como dirá más adelante. Ella parece llevarse bien con ellos: les abre la puerta y les dice buen día, amablemente; les indica cómo hacer café; les explica matemática, práctica yoga. En pocos planos se muestra una forma de sistema carcelario. Sin embargo, hay un detonante, el famoso punto de giro que da lugar al resto de la trama. Llega un nuevo preso, llega el conflicto, llega la inquietud. Eso cambia todo. Eva sabe algo, ese algo que se irá destapando con el correr del tiempo fílmico. Algo que equivale a intriga. Algo.
Grabada casi en su totalidad en interiores, con la sensación de espacios muy herméticos, el director de esta obra, Gustav Möler, brinda una mirada singular sobre el tema de la prisión, pero también de la necesidad humana. En las notas de producción enviadas para los críticos, se conocen los detalles que dieron lugar a esta producción. Declaró el realizador que, como punto de partida, para esta historia se planteó la siguiente pregunta: ¿Qué haría yo si alguien le hiciera daño a alguien a quien amo profundamente?
La respuesta a esa pregunta es incierta, cada ser reacciona con lo que puede, con lo que tiene, con lo que hay. Protagonizada por Sidse Babett Knudsen, impecable como siempre; tan solo basta con recordar a la ministra que interpretó en la exitosa serie Borgen, también danesa. Sus gestos y silencios sostienen la continua tensión, acompañada por un reparto que está a la misma altura, por ejemplo, el protagonista, Mikkel, encarnado por Sebastián Bull; personaje complejo, duro. Entre ambos sostendrán el suspenso y la tensión. Vale repetir el término otra vez, dado que, es un concepto. Permite conservar el interés a lo largo de los 100 minutos de duración.
El espacio interior es otro protagonista. Y haciendo psicología barata, todo ese entorno, con muy pocos exteriores, aporta una mirada acerca del encierro personal, eso que no se dice, eso guardado en el fuero íntimo, eso que tal vez hace avanzar hacia la venganza. Oscura y fría, por lo que propone, pero a la vez por su lograda fotografía, esta película del 2024 transmite no solo un relato construido verosímilmente, sino modelos de libertad también, crítica social y humanismo, producto de ser filmada con elegancia nórdica y una investigación previa sobre la temática. Finalmente, una interrogante parte al mismo tiempo del título, tanto como reflexión y como conclusión: ¿Qué es la venganza?
Por Luis Laffargue



