El contexto es en el aula. Un alumno recita/expone de memoria un poema de Pierre de Ronsard. El profesor sonríe, aprueba la actividad y corrige sutilmente el nombre del poeta francés, y el resto de la clase celebra el ejercicio. La cámara muestra algunos de los integrantes de la clase de literatura en esa escuela francesa y que también lleva el nombre de otro escritor galo, Paul Eluard. Hay gestos y expresiones variados, muchos de los personajes claves en la historia, pero, hay uno en particular, el de Leslie, una adolescente de mirada tímida, que destaca por su dramatismo en la gestualidad en esa puesta en escena. Palabras, comentarios, diálogos y preguntas en ese momento. La atmósfera irá transformando el clima sobre algo delicado. Un comentario por parte del docente repercutirá fuertemente en Leslie, luego de que él explique un concepto, vinculado a la belleza, a la seducción, tema de esa poesía recitada. Hay otra palabra, escrita en francés en el pizarrón: asteísmo. Todo ese conjunto comunicativo, de voces, de palabras y definiciones desencadenará el conflicto matriz de la película, y el inicio de una pesadilla basada en una historia real, la del mismo director, Teddy Luci Modeste.
La alumna se sentirá muy mal ante ese comentario y enviará luego una carta. Surge ahí una situación inquietante, reflexiva, preocupante y delicada; punto de giro en el guion. François Civil, que interpreta al protagonista, preciso y verosímil en su rol, y como indica la sinopsis oficial, es acusado injustamente de conducta sexual inapropiada por una adolescente de su clase. Tiene que enfrentar las acusaciones a medida que la situación se complica hasta convertise en una espiral sin control. Esa escena termina con los alumnos gritando a coro lo siguiente: “al profesor le gusta Leslie”; será un eco con muchas consecuencias. El punto de vista del educador se muestra sin intenciones reales por parte del hombre; él tiene su explicación, que radica, de cierta forma, en las palabras, en el poema, en el contenido. Pero tampoco quiere revelar algo para aclarar lo acontecido y solucionar el problema con inmediatez.
Alrededor de la trama hay muchos temas: la vida familiar y los entornos, el rol del docente, la institución educativa en sí misma. La dirección tal vez propone el replanteo sobre la expresión, sobre cómo las formas de comunicación pueden ser interpretadas, sobre cómo se debe hablar en una clase y lógico, sobre el vínculo entre educadores y alumnos, como principales disparadores. Él expondrá sus argumentos, la familia de la adolescente hará lo mismo y los compañeros de trabajo harán/dirán sus opiniones o no harán/dirán nada. Hay aquí una mirada acerca del acoso, la mentira y las justificaciones; un marco con muchas aristas. Un caos que se incrementa a lo largo de la hora y media de duración de esta historia. La persecución abre preguntas, posiblemente una de ellas sea ¿Cómo se debe hablar desde el otro lado del escritorio? ¿Cómo defenderse en ciertos espacios educativos? o, simplemente, ¿Cuál es la verdad? Y con un final inquietante.
Por Luis Laffargue



