El título La infiltrada (2024) es concreto y resume en esas dos palabras una síntesis de la historia. Falta el contexto, pero el mismo encuentra su lugar en un personaje infiltrado en ETA, en los años 90. Se trata de una mujer, joven y valiente, con el deseo de cumplir con su deber. Pero, ¿cuál es el deber?
La sinopsis oficial reza lo siguiente: “Una agente de policía pasa años infiltrada en los círculos abertzales hasta que ETA contacta con ella. Su misión se complica cuando debe alojar en su casa a dos miembros de la organización, mientras intenta mantener su identidad secreta y sobrevivir al peligro que la rodea”. Toda esta descripción está hilvanada en un guion, sosteniendo atención de principio a fin.
La funcionaria policial, con sus 20 años, es interpretada por Carolina Yuste, ganadora del Goya a mejor actriz en el 2024 por este rol. Guía al espectador a través de sus ojos en este nuevo relato sobre el conflicto vasco. En la información de prensa para la crítica se destaca lo siguiente: “la única mujer que convivió con la banda terrorista logrando la desarticulación del comando Donosti”. Hay más.
Ella acepta la misión, dejando su vida verdadera, completamente, con el objetivo de involucrarse y conseguir datos y movimientos. Acepta todos los condicionamientos, impuestos por sus superiores, aunque hay algo que no negocia: se lleva su gata.
Lo interesante de esa decisión, es la idea de tomar/decidir/elegir un camino: el de la izquierda o el de la derecha, o el 1 o 2, o A o B, o como quieran llamarlo. Y aunque el film solo sea un recorrido en sí mismo, en paralelo transita esa dualidad: vivir como infiltrado, siendo otro, la negación de la identidad.
Paradojalmente, se introduce en el centro de la cuestión, donde uno de los tantos asuntos en el conflicto vasco era precisamente también la identidad. Es menester además destacar cómo se muestra ese tipo de perfil, cómo es la “vida” de infiltrados, junto con los riesgos colaterales y adyacentes. Detalles.
Dirigida por Arantxa Echevarría, la trama va y viene entre suspenso y tensión, con una protagonista impecable en su interpretación. Vale incluso a esa valoración otro adjetivo: inolvidable.
También, un logro no menor del film, es el resultado final. Convoca a preguntas: ¿Hasta dónde es la pasión? ¿Hasta dónde es el deseo? ¿Hasta dónde se puede arriesgar?
Acompañada por su coprotagonista, Luis Tosar, su jefe, correcto en la medida de su papel. “Para el mundo tú no existes, solo existirás para mí”, dice él, cuando le propone a Mónica la misión, es decir, si está dispuesta a ser una infiltrada en ETA. De ahí en más, es ella, pero sin ser ella, con su soledad y la ficticia vida pública. Los secundan en el reparto otros personajes secundarios, aunque no menos importantes, encarnados por los actores Víctor Clavijo, Nausicaa Bonnín, Pepe Ocio y Pedro Casablanc.
La infiltrada, como indica en pantalla en el inicio, es una ficción basada en hechos reales. Tuvo 13 nominaciones a los premios Goya, nada menos, nada más. Ofrece un relato de época, en otro producto audiovisual reflejando aquellos tiempos, como lo fue en su momento la aclamada serie Patria, por citar un caso.
En palabras de la directora “más allá del thriller, me interesaba retratar la tensión entre el deber y la empatía, entre la lealtad y la supervivencia. No hay héroes ni villanos absolutos: hay seres humanos enfrentados a decisiones extremas. En esos grises, creo, es donde el cine puede tocar la verdad». El resultado final es una narración prolija, entretenida y el gran aporte de genera discusión.
Por Luis Laffargue



