Esperando al elegido

Los no elegidos
www.netflix.com

Es un día de descanso, celebración y algarabía. Hay carne a la parrilla, familias enteras vestidas como espejos de unos y de otros. Camionetas nuevas, botellas simulando contener whisky, y, supuestamente, ese concepto llamado felicidad. Agregamos el sol, sonrisas y personas sentadas alrededor de un largo tablón pentecostal.

Poco a poco los personajes centrales se descubren, mostrando en sus rostros, gestos y palabras, una idea sobre sus identidades.

Rosie, una de las protagonistas dice reconocer cuando se anticipa una tormenta. Acto seguido, su hija, con dificultades en el oído, se pierde; pobrecita. Y de pronto, la intuición, el creador, la palabra, o simplemente la acción dramática envía la tormenta: viento, nubes, truenos, refusilo y lluvia.

La niña se pierde y toda la comunidad comienza a buscarla, salvo las mujeres. Pero la mamá, una madre es una madre diría Mama Cora, desautoriza la orden. Finalmente, vemos en otro espacio a la hija correr, caer en un lago, creemos que se ahoga. Sin embargo, no. Como sucede en el cine, emerge alguien, un “Dios”, un salvador, o como quieran llamarlo; la salva. Amén.

A partir de ahí, ese hombre representará la tormenta y junto a él se irán descubriendo a lo largo de los seis capítulos las tormentas individuales y colectivas de esta comunidad llamada Fellowship of the divine.

Estrenada en la plataforma Netflix la semana pasada, la serie británica Los no elegidos (Unchosen, 2026) ofrece una historia donde conviven lo religioso, lo policial y las resoluciones obligatorias para que las narraciones funcionen. El también thriller psicológico relata un universo, abraza un mundo posiblemente representado en cualquier credo.

A título informativo, se aclara en pantalla al principio que existen más de 2.000 sectas en el Reino Unido. Algunas son comunidades cerradas. Muchas, como esta comunidad ficticia, viven a plena vista. El argumento avanza, y durante las escenas subyacen temas universales: culpa, manipulación o Dios.

Producido por A Double Dutch Production, el relato es rico en mostrar la estética de los hogares, como si estos hablasen por la comunidad o sus entornos. Mucho tono color madera, de hecho, uno de los pocos espacios donde se los ve trabajar es un aserradero. Una textura que no se puede desprender de una posible trilogía de conceptos: trabajo, hogar y templo.

El elenco lo encabeza Asa Butterfield (el querido Otis, de Sex Education), Molly Windsor, Fra Fee (un manipulador hecho y derecho), Aston McAuley y Siobhan Finneran (impecable). Creíbles y otros no tantos lo conforman.

Parafraseando a la frase de Nora (sé que es muy forzosa la asociación) de Esperando la carroza, la campiña inglesa ni es tan verde, agradable y generosa, sino más bien es madera, astillosa y una herbácea ramificada intrafamiliarmente. Sirve como ejemplo para pensar puertas para adentro, más allá de cualquier previsibilidad. La religión, la creencia de cada uno o lo espiritual, pongámosle, son en este caso una excusa para reprimir deseos, formas ocultas o lo que realmente son los seres humanos.

Por Luis Laffargue

Reseña
Calificación
esperando-al-elegido Es un día de descanso, celebración y algarabía. Hay carne a la parrilla, familias enteras vestidas como espejos de unos y de otros. Camionetas nuevas, botellas simulando contener whisky, y, supuestamente, ese concepto llamado felicidad. Agregamos el sol, sonrisas y personas sentadas alrededor de...