Elementos (2023), la nueva película de Disney Pixar, se estrenó ayer 15 de junio en las diferentes salas del país y promete ser uno de los acontecimientos cinematográficos del año. Colorida y entretenida como Coco (2017) e Intensamente (2015), esta propuesta audiovisual sumerge al espectador en el universo de Elemental City, donde conviven los elementos agua, fuego, aire y tierra.
La protagonista es Ember, una chica que vive con sus padres y atiende el negocio familiar en el barrio donde residen las personas de fuego. Y como los de su misma materia, ella siempre anda con cuidado de no mojarse. En esa trama ella se cruzará con Wade, agua, su opuesto, lo que precisamente se pretende evitar, porque de ciertos elementos vitales también hay que cuidarse. Él será un desconocido a conocer en la hora y 42 minutos de duración de esta historia mágica y emocionante, pero luego, a medida que los vínculos se van aceitando, deberá acompañarla a resolver situaciones, aventuras y emociones. Tendrán entre los dos una travesía con muchos pormenores.
La película está dirigida por Peter Sohn y producida por Denise Ream. Elementos es uno de los estrenos más esperados del año. En ese sentido promete ser un éxito, tanto por la época, cercana a las vacaciones de invierno, y el espectador, mayormente destinada a un público infantil.
¿Por qué un éxito? Y aquí no entramos en cuestiones de costos o grandes producciones (que por cierto lo es), sino porque el “cuento” final tiene todos los ingredientes necesarios: gracia, color, amor, emoción, lágrimas, conflictos, risas, reflexión y mensaje (aunque todos estos “elementos” varían según cada forma de ser de los infantes y adultos). En ese plano se puede, tal vez, coincidir con las frases de las diferentes imágenes de difusión tienen en sus posters: “Te volará la mente”, “Es hora de encender la aventura”, “Florecerá una nueva historia”, “Los opuestos se atraen”, “Diversión hasta la última gota”.
Con las voces de Leah Lewis y Mamoudou Athie, en su versión original en inglés, como Ember y Wade, esta obra tiene una estructura clásica, que implica inicio, nudo y desenlace de formas claras. La historia retrata temas como la naturaleza, la forma de comunicarse, los valores familiares y el amor como poder transformador.
Por momentos, parte de este universo recuerda a otro de Pixar: Coco, Día de los muertos. Diferentes, pero iguales en ciertos aspectos y estéticas. Aunque aquí, de muerte, no hay nada, porque, como dice la canción, todo se transforma.
Prometerle a usted, lector, emocionarse con el final, es un acto pretencioso. Pero existe la gran posibilidad de que eso suceda. Después nos cuenta.
Por Luis Laffargue



