La película del director israelí Amichai Greenberg presenta de forma eficaz una temática interesante.
Yoel (Ori Pfeffer) es investigador, es padre, es judío y es hijo. Desde los subsuelos del impresionante Instituto de Investigaciones dirige una búsqueda para demostrar los asesinatos masivos en los desfiles de la muerte, que tuvieron lugar en las últimas semanas de la segunda Guerra Mundial en Austria. Pero sucede que el mundo no tienen memoria y en el lugar donde se presume se encuentran las fosas comunes, se desarrollará un emprendimiento inmobiliario. Porque como señala un magistrado de la justicia austríaca… es tiempo de dejar el pasado (¿y construir departamentos?). En contra del consejo de todos los que lo rodean, Yoel emprende un camino para demostrar la verdad que a través de papeleo y burocracia se convierte en algo familiar y penoso.
El testamento (The Testament, 2017) es una película distinta sobre los horrores del Holocausto, con una trama en cierto sentido sencilla -dada la universalidad del problema- porque, cuando uno busca la verdad encuentra algo de la identidad, que es, necesariamente, doloroso. Greenberg nos invita a la reflexión sobre la verdad, la justicia, la memoria, la identidad y la comunidad sin efectos especiales y sin golpes bajos.
Hay algo de ternura en la propuesta que no se queda meramente en los hechos sino que profundiza en las reacciones.
Por Jimena Bezares



