El Rey de Reyes (2025) es una película de animación, relatando una historia ya conocida, como la de Jesús. Estrenada el jueves pasado en diferentes pantallas del país, y en un marco ideal para su exhibición, dada la cercanía a las Pascuas, se ofrece aquí un espectáculo visual desde un nuevo punto de vista, basado en el cuento de Charles Dickens. El film podría enmarcarse como religioso; para muchos ésa sería una primera definición. Pero, antes que nada, más allá de la fe, o de la introspección generada por su contenido, el resultado es un producto de algo bien elaborado: el relato dentro del relato.
Hay un personaje central, Walter, un niño simpático, quien escucha (o ve) atentamente la historia que su padre le cuenta (o le muestra), tras una discusión que ambos mantuvieron detrás de bambalinas, en un teatro. La criatura, acompañada casi siempre por su mascota, una gata gordita y de aspecto amigable, y que le da mucho sentido del humor a la película, se ofende y huye a su casa. Poco a poco, en el primer punto de giro importante, el papá, por iniciativa de su esposa, inicia la narración de la historia y el niño es atrapado por la magia de las palabras (la madre del niño le dice a su esposo previamente que haga magia con la historia), y su semblante e interés cambia paulatinamente. De ahí en adelante, lo que ya se sabe, o que muchos conocen. O, si el público se renueva, diría una gran dama de la televisión, El Rey de Reyes es una manera atractiva de acercarse a ese argumento muchas veces discutido y replanteado: la vida de Jesús.
En esta oportunidad no se trata específicamente alrededor de la Biblia o la Iglesia, como puede intentar pensar alguien del público (siendo este crítico muy prejuicioso) en primera instancia. Es, antes que nada, una inspiración, con línea directa a un cuento. No obstante, sobrevuela permanentemente la siguiente idea: el camino del héroe, para pensar en términos de Joseph Campbell. Pero de ¿cuál? ¿Jesús? ¿Walter? ¿Los ideales? ¿La fe? ¿Las creencias? O, en una de esas, el “verdadero protagonista”, es decir, el mensaje; porque su construcción implica personajes, diálogos, atmósfera, colores, acciones y tonos emocionales en esa direccionalidad. Ahí mismo están los objetivos: la reflexión, los valores humanos y la familia.
No hay que olvidar que el núcleo familiar da inicio al relato, y cuando corresponde a Jesús, el de esta película, también se inicia con la aparición de dos padres, María y José, buscando un lugar para el nacimiento de su hijo. Una lectura en paralelo asoma: la influencia cultural, religiosa o histórica; algo que se retransmite. Desde ese ángulo es una construcción perfecta, el recurso cinematográfico está al servicio de una historia de vida, de las historias y de la historia a lo largo de estos cien minutos de audiovisual.
Entretenida y llevadera, El Rey de Reyes es, conceptualmente, un tiempo en el relato, como el tiempo de la cuaresma. Con las voces de Kenneth Branagh, Uma Thurman, Oscar Isaac, Pierce Brosnan, Ben Kingsley, Mark Hamill, Forest Whitaker y Roman Griffin Davis en las voces del reparto principal, y dirigida por Seong-Ho Jang, este largometraje parece hecho para un determinado momento, días en particular. Suave, y sin entrar en la morbosidad de algunos detalles, se presenta como una buena correcta para el próximo fin de semana largo, tal vez con mayor interés en algunos feligreses.
Solo es cuestión de mirar, escuchar y sacar sus propias conclusiones.
Por Luis Laffargue



