Mediodía. Llueve en la ciudad de Buenos Aires; hay humedad por todas partes. Retiro la acreditación de prensa, a través de este medio, Días de Película. Dejo el hall central del Teatro San Martín y camino hacia Cinépolis Plaza Houssay, a un par de cuadras. El motivo es asistir a mi primera película del BAFICI. La elegida fue Un hijo propio, de la directora Maite Alberdi, en la sala 1 de este complejo, a las 13:55 hs. Llego. Termino un cigarro y entro. Pensaba encontrar una fila larga, emblemática, como suele suceder en este acontecimiento en algunos horarios. No. Únicamente delante mío se encuentra la actriz Marina Bellati, acompañada por otra persona; detrás mío, dos o tres más esperando entrar, probablemente periodistas o críticos.
Entramos, un espacio amplio, con asientos cómodos nos predispone. El público en cantidad, apenas supera poco más si sumamos todos los dedos de las dos manos. La poca concurrencia me sonríe: un bello silencio acompañará la experiencia del cine; eso espero. Pero también la poca concurrencia me invita a pensar: ¿Faltó difusión? ¿Es el horario? ¿Son los $5.000 de una entrada en este contexto económico? Se apagan las luces. La pantalla se enciende, luz verde para el festival. Auspiciantes, marcas y patrocinadores. Silencio, un cómodo silencio de personas que disfrutan de la cinematografía.
Una historia mexicana comienza a desplegarse en la pantalla grande, dirigida por la chilena Maite Alberdi; creadora del recordado documental, El agente topo, nominado al Oscar en su momento. La producción de este caso viene con un recorrido previo: se estrenó en la Berlinale. Las escenas transcurren y el cruce entre ficción y realidad se vuelve tema. La sinopsis del catálogo oficial del BAFICI señala lo siguiente: El deseo de ser madre y la presión de su entorno llevan a Alejandra a fingir un embarazo. Lo que comienza como una mentira sostenida en la intimidad crece hasta convertirse en una simulación insostenible que termina desbordándose públicamente.
Un hijo propio forma parte de la sección Trayectorias, y habla acerca de la mentira, de la construcción del relato y de tantas cosas más. Silencio. Hay mucho color rosa, las voces de los personajes se solapan, formando, maravillosamente, una sola voz. Hay recreación de momentos reales. Hay una trama bien hilvanada. Los 90 minutos de este fluyen como el agua. Un hijo propio se vuelve cine propio. Fin. Se la puede ver el día 17 de abril a las 18:05 aquí mismo, y el 21 del mismo mes a las 18:50 en la Sede Centro Cultural 25 de mayo, Sala Principal. Vaya, pero primero fíjese cómo va a estar el tiempo.
Por Luis Laffargue





