Es viernes 24 de abril, la tarde está soleada y la avenida Corrientes mantiene un tránsito tranquilo.
Ingreso al hall del Teatro San Martín con el fin de ver otra propuesta del BAFICI. Me acuerdo de algo, buscar un par de programas para llevarle a mis alumnos en la próxima clase; lo correcto sería que ellos asistan por su propia cuenta y tomen conocimiento del festival. Consulto con la chica encargada del registro de las entradas. Encantada me ofrece un abultado pilón, una decena en total, todos con olor a nuevo. Pregunto si hay consumo, si la gente/público/personas lo llevan o sienten curiosidad por su contenido. Contesta que sí, después hace un silencio y agrega un más o menos.
Subo por el ascensor para llegar a la sala Lugones, donde se proyectará el documental Eloy de la Iglesia: Adicto al cine, a las 15:30 hs. Somos pocos en ese bello espacio, armonioso, con el rebote de la luz en la madera de la pared; unas 30 personas sería la cifra estimada.
Una mujer y un hombre, cercanos a los 70 años, entran. Él le dice no tengo idea de que se trata la película, y ella responde ya nos vamos a enterar. La iluminación de la pantalla impacta en algunos rostros, en los últimos en llegar; mientras se exhibe al director Raúl Perrone, gracioso en sus respuestas, a su modo. Un acierto su aparición antes del comienzo.
Entra una mujer que, por la luz, marcando la forma de su peinado, parece ser la presencia de Kris Niklison, realizadora de las geniales Diletante y Vergel. Se sienta. Se apaga todo. Se cierra la puerta principal.
Comienza el documental, dirigido por Gaizka Urresti, construido sobre la base de una estructura “clásica”: testimonios, entrevistas, material de archivo; “personajes” que van y vienen, con mucho ánimo de hablar, decir y oír, por qué no.
Conocía a Eloy de la Iglesia de nombre, pero hasta el momento no indagué en su obra (casi, en simultáneo, asumo cierta sintonía con el hombre y la mujer del principio). Esta misma noche investigaré un poco. Todo es imposible de ver.
El largometraje muestra al sujeto tratado como controversial, polémico, distinto a su época Se habla de la dictadura de Franco en España, de España misma, de censura, de temas universales, del Destape español, de la homosexualidad. De un director “maldito”, con su entorno trágico y rebosante de libertad, en el peor y en el mejor de los casos, hasta que, precisamente, esa libertad terminó con él. O no necesariamente. Porque después de los olvidos se revisa el pasado.
Los casi 100 minutos son un viaje filmográfico, una serie de datos e informaciones acerca de un determinado contexto. Termina la función. Comenzamos a levantarnos de las butacas. Salimos. Bajo los diez pisos (creo) por escaleras, porque de los 3 ascensores solo funciona uno. Restan dos días más de Festival, más la premiación. El aire respira a fin de edición. Pero la adicción al cine sigue en todas sus formas.
Por Luis Laffargue





