Los músicos (Les musiciens) es una película donde la verdadera protagonista es la música. Enmarcada en el género comedia, el argumento es el siguiente: una hija confirma el hallazgo de un Stradivarius, muy buscado por su padre (ya fallecido) tiempo atrás. El legado se hace presente en la dinámica familiar y empresarial, pero el otro hijo tiene posiciones distintas al respecto.
Como punto de partida y conflicto de la historia, la hija se dispone a cumplir un sueño truncado del padre: realizar un concierto con los Stradivarius (algunos ya estaban en la colección privada). Ahí arranca la cosa.
La búsqueda del lugar, de los músicos y de las formas de producir ese único evento son los elementos disponibles al servicio de la trama. Cada personaje con sus peculiaridades, caracterizados para lograr el contrapunto. No se ponen de acuerdo y tampoco se entienden; egos, situaciones personales y pequeños secretos a descubrir.
Dirigida por Grégory Magne, y con un elenco integrado por, Valérie Donzelli, Frédéric Pierrot, Mathieu Spinosi, Emma Ravier, Daniel Garlitsky y Marie Vialle, entre otros, esta producción francesa del 2025 logra reflejar diferentes conceptos: herencias, vínculos, historia y amor por el arte.
Merece un párrafo entero lo siguiente: la banda sonora. Fundamentalmente la música, su gran nivel técnico; por lo menos, ése el efecto generado en este simple oyente, neófito en el plano musical. Elegante y amable en su sonoridad, se hace difícil no elogiar este punto o incluso las formas de la composición, también. En ese sentido Los músicos ofrece espectáculo en algunas partes de sus 102 minutos de duración y, por qué no, una “suerte” de clase.
Previsible en la resolución de algunos conflictos, hay que decirlo. No obstante, algo muy a favor: no oír, en este audiovisual, equivale a una triste privación de los sentidos. Pero también, como dijo el director, retrata algo no menos importante: “saber escucharse”.
Por Luis Laffargue



