La muerte de un comediante

La muerte de un comediante
Orsai / Moving Pics / FilmSharks / Analía Sánchez - Comunicación & Prensa

Cuando vi el trailer de La muerte de un comediante (2025) me gustó ver un estilo que solemos relacionar con el cine europeo experimental en una producción nacional. Los planos, colores y el ritmo se presentó desde un principio como algo innovador. Pero no todo fue como esperaba.

El film es, en efecto, una apuesta experimental. Diego Peretti codirige su primer película de la mano de Javier Beltramino, además de crear la idea original, guionarla y protagonizarla.

El film retrata a Juan Debré (Diego Peretti), un actor conocido por hacer de héroe en la ficción, que tras enterarse de que padece una enfermedad terminal, emprende un viaje a Bruselas. Esa ciudad vio nacer a Bombín, un personaje heróico de viejas historietas que inspiró a Juan a comenzar su carrera artística. Allí se encontrará con personajes que lo harán vivir una última gran aventura y le harán cuestionarse si él es un verdadero héroe.

La película tiene puntos altos y bajos. Considero que lo más destacado es la dirección de fotografía, que no sólo marca un ritmo interesante, sino que también propone algo nuevo y estéticamente llamativo. Los planos y transiciones, en especial en la primera mitad de la película, proponen una narrativa visual muy atractiva y nos meten en un universo casi caricaturesco. De a poco, la película va perdiendo esta impronta.

En mi opinión, los mayores problemas están puestos en dos puntos principales: los diálogos y los climas.

Los diálogos resultan cortos, como si fueran haikus. Esto no sería problema si la acción fuera lo predominante en el film, pero no es el caso. El texto le revela burdamente la información al espectador, sin dejar lugar a la interpretación, y la acción principal sucede “fuera de cámara”: el trabajo encriptado de los tres jóvenes militantes –considerando que ayudarlos es la motivación principal de Juan– transcurre casi por completo en la periferia de los ojos del espectador. Las líneas cortas y sobreexplicitadas resultan en interpretaciones un tanto acartonadas, que no se dan de forma natural.

Esto me lleva al segundo punto, los climas. Al dejar la acción afuera, la película se centra en los diálogos entre personajes, que no resultan muy profundos ni entrañables. No terminamos de encariñarnos con ninguno porque no conocemos realmente sus motivaciones y eso provoca que no se construyan climas. Tensión, suspenso, dolor, eso que la historia podría transmitir, queda diluído. Todo se termina dando de una forma estructurada y predecible.

La muerte de un comediante es muy atractiva visualmente, pero en su narrativa se encuentran varios huecos y rarezas que no parecen intencionales. Se aprecia que un ícono de nuestro cine, como lo es Peretti, haya apostado por algo que no nos es habitual, pero tiene aspectos a mejorar para pensar sus próximas producciones.

 

Por Martina Otamendi De Ruggiero

 

 

Reseña
Calificación
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