Parthenope. Los amores de Nápoles

Parthenope. Los amores de Nápoles
bf Distribution / Photo by Glanni Fiorito

“Antropología de la imagen” es el título de un libro de Hans Belting, una obra muy utilizada en el ambiente académico. Pero también podría ser una síntesis para definir conceptualmente algo de Parthenope. Los Amores de Nápoles (2024), la nueva película de Paolo Sorrentino, que regala belleza en muchas imágenes, como sucedió también en las aclamadas La grande Bellezza (2014) y Fue la mano de Dios (2021). Como en esta última, particularmente nos volvemos a situar en la ciudad napolitana, un universo en sí, manteniendo ciertos engranajes en la construcción de sus historias.

Hay un mecanismo de repetición y eso no deja de sorprender. Poesía visual a través de pequeños grandes personajes que rodean a una protagonista bella, por momentos creíble, aunque también con pasajes menos convincentes, como sus miradas, por ejemplo. Ella es Parthenope, singular, atractiva e inteligente. Busca y piensa las palabras adecuadas para responder, mientras encanta en su continuo andar. Seducción. Interpretada aquí por Celeste Dalla Porta, este ser nos sumerge en una historia cuya época mayormente retratada son los años setenta, en una recreación con glamour.

Con un sello que ya parece reconocible en el lenguaje audiovisual construido por Sorrentino, el argumento aborda a una estudiante de antropología que, sin embargo, hay quienes le sugieren que se convierta en actriz. Ella va y viene, entre paisajes, amor y Capri. Pasan cosas. Despliega su luz, encanta.

Épica la fotografía, el vestuario, como el inicio de la obra, cuando más que una puesta en escena clásica, destella la idea de una pasarela cinematográfica; un emblema de Italia. Dentro de la larga lista de productores y empresas que aparecen en los créditos se identifica el de Saint Laurent; con razón.

Se escuchan, como en otras obras del italiano, diálogos filosóficos en situaciones cotidianas y que, por qué no, habría que pensar si los mismos personajes llegan a entender. Entra ahí la inagotable fantasía de la reflexión. Hay múltiples lecturas, una de ellas el amor del director por Nápoles; o como muchos han señalado, es un homenaje. Se repiten cosas: movimientos de cámara, una estética de a ratos espléndidamente saturada y un acercamiento a muchos temas recurrentes en el napolitano: la belleza, el paso del tiempo, la decrepitud y la soledad, por citar un par.

Están las calles, la mesa y la sobremesa, silencios premeditados que corren el riesgo de ser aburridos. Están los helicópteros. Y están los otros, aquellos que no tienen el protagonismo de Parthenope, pero ganan popularidad en apenas dos o tres escenas. Están encadenados y en pocos planos se vuelven inolvidables; distintos e iguales al mismo tiempo, en su soledad. Y está San Genaro, el patrono.

Se lucen situaciones que remiten a la fantasía, al neorrealismo italiano, o todo eso junto a la vez. Una pintura fresca que habla de la juventud, como también se llamó otra de las películas del mismo autor: La juventud (2015). 

Con un Gary Oldman conmoviendo en pocas palabras y gestos concretos, intensos y virtuosos, con una música que envuelve lentamente (tal vez demasiado por momentos) en un sentimiento, llamado, si se le permite a este crítico, bajo el nombre nostalgia. Con un elenco integrado por Stefanía Sandrelli, Darío Aita y Daniele Rienzo, entre otros.

Incluso, por momentos, hay que decirlo: tan Fellini es el film. Hay reparos, no es perfecta. Pero esa imperfección la convierte en una creación deleitable. Sublime.

 

Por Luis Laffargue

Reseña
Calificación
parthenope-los-amores-de-napoles “Antropología de la imagen” es el título de un libro de Hans Belting, una obra muy utilizada en el ambiente académico. Pero también podría ser una síntesis para definir conceptualmente algo de Parthenope. Los Amores de Nápoles (2024), la nueva película de Paolo Sorrentino,...