Una vida soñada

Una vida soñada
Mirada Distribution / Analía Sánchez - Comunicación & Prensa

La primera imagen de Una vida soñada (Una vie rêvée, 2024) presenta a Nicole, su protagonista, caminando por el costado de una calle cuesta arriba. El día se presenta gris, ella viste de oscuro y la vemos en primera instancia de espalda. Lleva un paraguas rosa, se le dificulta llevarlo porque a causa del viento en contra se le dobla. El asfalto está mojado, parece llover suavemente. Cruza la calle, ella dice “merde” y se detiene para hablar por teléfono del otro lado. Se oye la parte de su conversación. Menciona argumentos que no podrá ir, que está en la estación, que celebra el ascenso de alguien y hay mucha gente a su alrededor. Pero no es así: está sola. Se encuentra en un paisaje tal vez suburbano, con el clima que no la acompaña, como tampoco la acompañarán otras cosas luego. Hay un edificio de grandes dimensiones a lo lejos, un coche circulando cerca de ella, una atmósfera de cierta soledad.

La película empieza con una mentira. Se verá luego con el devenir de la narración que la vida de esta mujer interpretada por Valeria Bruni Tedeschi no es tan soñada, en una actuación que mezcla la sutileza y genialidad de pasar del drama a la comedia sin esfuerzos, llena de matices para intentar entender a una Nicole compleja, adorable, perdida y algo intensa también.

El núcleo central de la trama es ella, la relación que tiene con su hijo, familia compuesta únicamente por los dos, en un departamento cargado de objetos; algo kitsch, incluso alguien definirá al espacio como una selva. El hogar habla en toda esa saturación propuesta por la escenografía. Hay algo allí que remite a la saturación.

Sobreviene un conflicto, siendo el motor que haga fluir el relato. A partir de allí las personalidades, los gestos, las situaciones se construyen una historia sin demasiadas sorpresas. Sin embargo, tiene momentos destacables y detalles, como, por ejemplo, el colgante que Nicole lleva puesto, parecido o una copia directamente al corazón azul de la Rose de Titanic.

Hay partes de la trama que no se revelan, porque el film guarda algunas informaciones, sobre todo ciertos “por qué” carentes de respuesta en este caso; en esta propuesta dirigida por Morgan Simon no se indaga demasiado por comprender, ni hurgar en el pasado. Se muestran los hechos y los mismos avanzan como pueden, como todos ellos. Se arma la vida con lo que hay.

La cinta, de origen francés, indaga no solo el vínculo entre una madre y su hijo, sino también hace un aporte, propone en cierto sentido una mirada sobre la Francia actual, de sitios donde confluyen culturas diversas. Muestra cómo, posiblemente, la comunicación entre los seres humanos no funciona, porque muchos se miran, pero no se hablan. Propone además una mirada sobre la cotidianidad, la búsqueda laboral en determinada edad y, dialogando en cierto aspecto con el título de la obra, invita a preguntarse: ¿Qué es una vida soñada?

En el reparto la acompañan Felix Lefebvre y Lubna Azabal con interpretaciones logradas. Dura una hora y media, presenta diálogos inteligentes, sin muchas novedades más que la historia de una persona. Es eso, pero no es poco; claro, en el desarrollo y desenlace final suceden cosas. Optimista, como mensaje final.

 

Por Luis Laffargue

 

Reseña
Calificación
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