Ambientada en un escenario fundamental para la historia que se narra, la película dirigida por Sebastián Schindel es un ejemplo de que el cine argentino puede incursionar y salir airoso del género suspenso.
Octavio (Joaquín Furriel) es un guía de caza que trabaje en el Sur argentino junto a Klaus (Alejandro Awada), un terrateniente que es como su padre. Cuando la sobrina de Octavio es encontrada muerta en el coto de caza, se revoluciona la vida tranquila de pueblo, y él se ve obligado a descubrir quién fue el asesino.
Una muerte silenciosa (2024) es un film dinámico que hace que el espectador se involucre y quiera saber cómo termina, convirtiéndose en una especie de detective que intenta sacar sus propias conclusiones sobre lo que va ocurriendo. Característica propia de las historias de suspenso.
Las actuaciones de Joaquín Furriel, Alejandro Awada, Soledad Villamil y Víctor Laplace están a la altura de una producción muy bien lograda, en la que las imágenes en las que se aprecia lo inhóspito del paisaje se transforman en una arista fundamental del relato.
Schindel presenta una película que cierra por todos lados y que se merece ser parte de alguna nominación. Porque, dejando de lado la excepcional El secreto de sus ojos (2009), los casos en los que el género suspenso consigue sus objetivos no abundan en el cine nacional. Acá tanto el intento como el resultado valen la pena.
Por Jimena Díaz Pérez



