El documental dirigido por Victoria Carreras se estrenó el 23 de mayo y puede verse en el Cine Gaumont a las 19 horas. Tras su paso por varios festivales el título de esta obra sumerge al espectador en la historia de dos personajes claves del cine argentino: la actriz Mercedes Carreras y Enrique Carreras, madre y padre de la realizadora.
La narración de Amor y cine hace un recorrido interesante por la historia de este matrimonio “cinematográfico”. Aparece ahí todo aquello, o por lo menos en parte, sobre la construcción del acto fílmico. Rodar, las voces que dan testimonio, expresiones, opiniones, ironía, sin olvidarse de un sin fin de materiales de archivo, lo que equivale a un repaso por la memoria.
Cabe aclarar que las palabras amor y cine se repiten en este texto, van y vienen. Son imprescindibles e inseparables para hablar de este estreno. Por eso, la repetición se justifica, no como recurso literario, sino como esencia del film. Tanto el relato de la protagonista, Mercedes Carreras, como su hija, no pueden desprenderse de la historia nacional del cine. Son líneas paralelas.
En ese contexto, es menester destacar un dato no menor: el fallecido director, Enrique Carreras, fue una figura clave, aportando al cine argentino 95 películas en cuatro décadas. Ningún otro cineasta posee esa filmografía y de géneros variados. Esta observación, tal vez no tan mencionada a la hora de hablar sobre la historia, es una de las cosas que se plantean. Posiblemente ahí surgen varias interrogantes sobre ese poco reconocimiento. ¿Por qué unos quedan afuera?
Este documental no solo expone fragmentos del “Clan Carreras”, y otras personalidades destacadas, un aporte funciona y tiene el valor de acervo audiovisual argentino. A la vez, para el espectador de muchos años atrás, es una manera de revivir distintos momentos a lo largo de diferentes décadas; parecería ser que el objetivo.
De algún modo se presenta, además de una historia de amor, como una reflexión, sobre cómo se hacía el cine y la industria cinematográfica, y trazar un paralelo con el presente. Un material que se convierte en un documental histórico con aciertos. Agradable, con escenas memorables.
La pieza emociona, porque rememora, tal vez con nostalgia, recuerdos varios sobre aquellas películas que muchas veces se pasaban por canales de aire los domingos a la tarde; rostros conocidos, texturas poéticas de otras formas y colores. Hay guiones que ilustran eso. La madre y las hijas los observan, los leen, los tratan con cariño. Hay actuaciones de artistas populares y un montón de detalles personales al acceso del espectador a lo largo de 64 minutos.
Es una forma de entender el amplio abanico de posibilidades que Carreras padre le brindó al público argentino, una mirada sobre la cultura de ese entonces. El pasado para entender el futuro. El amor por el cine. Un pretérito de imágenes que vale la pena recordar por ser parte de la historia.
Por Luis Laffargue



