La película dirigida por Sébastien Vaniček se presenta como una de las opciones dentro del Festival de Cine Francés, que tendrá lugar en Cinépolis Recoleta del 21 al 27 de marzo. La película que pertenece al género de terror, una de las áreas cinematográficas menos conocidas del país galo, y viene con una propuesta que no decepcionará a los fanáticos de la temática.
Nos encontramos en las primeras imágenes en el medio de una zona desértica, en algún lugar de oriente, tal vez, en donde un par de hombres buscan arañas. Uno de ellos levanta una piedra y encuentra una cueva. Grita. Los otros vienen tras el hallazgo y comienzan a echar una suerte de humo en el interior del agujero. A los segundos y tras un sonido que te come, sale una araña. Y con ella el terror, o el horror, uno o el otro en iguales dosis. Un anticipo de algo maravillosamente catastrófico.
Luego pasamos a Francia, en donde un muchacho joven, teñido de rubio, que vive en los suburbios de París, compra una de las arañas que estaban bajo tierra, en la otra parte del mundo, y que ahora viajaron, vaya a saber cómo, a Occidente. Contrabando; una posible interpretación.
Nos enteramos en las primeras escenas que Kaleb, el protagonista, ese joven, quien adquiere el insecto muy emocionado, tiene un particular afecto por animales exóticos y que los cuida con cariño en su habitación. Dentro de su cuarto, una vez que vemos esa suerte de zoológico interno (o clandestino), coloca la flamante mascota nueva en una caja, tras retirarla de un recipiente de plástico. Y ese hogar para la araña, qué casualidad, o punto de giro en el guion, tiene un agujero en uno de sus rincones. Y se escapa. Y hace macanas.
La trama lentamente va adquiriendo lo mejor que tiene el poder del género de terror: asustar. A partir de ahí, la arañita viajera comienza una reproducción sin límites, sin descansar, es decir, la multiplicación de la especie. Momento en el cual se menciona a la teoría de Darwin. Pero también se incrementa el miedo, el suspenso, la impresión. Un dato no menor: no está apta para aracnofóbicos. ¡Cuidado, porque la pueden pasar muy mal!
Vermin: La plaga (Vermines, 2023), al margen de lo tenebroso, plantea en un costado paralelo otros temas que se entretejen con los personajes y el sitio de pertenencia, una lectura sobre otras culturas e interpretaciones. Lugar en el cual el director de esta obra vivió y conoce muy bien.
Impecable en su estética, a medida que avanza la narración todo se vuelve más oscuro, sórdido, tenebroso. Mezcla también por momentos de otros géneros, aunque siempre el predominante va a ser el terror.
El film también impacta por el espacio cinematográfico que allí se observa. El exterior de una construcción gigantesca, en formato circular, un edificio de departamentos a través de grandes planos generales incrementa la tensión. Esa figura, en ese contexto, asusta, incluso como el tamaño de las arañitas que pasan a ser arañotas con el avance del tiempo.
Se podrá ver el sábado 23 de marzo a las 23:55 horas. En esta oportunidad, la semana del cine galo tendrá una selección de 14 películas, representando a la variedad del cine francés en la actualidad.
Vermin: La plaga es una buena oportunidad para enredarse en una tela de araña y salir, con suerte, como mínimo, bastante espantado.
Por Luis Laffargue



