Ni drama, ni comedia, ni romántica. Solo ni. La nueva película de Justine Triet naufraga en el más aburrido posmodernismo.
Victoria (Virginie Efira) es una madre, profesional y sexuada que se siente inexplicablemente frustrada. Su niñero se va, sus hijas confunden su cuerpo con una Tablet y un amigo le pide que lo ayude a limpiar su nombre en los tribunales. A todo esto ha perdido su pulsión sexual, mon Dieu!
En este escenario aparecen dos personajes que alteraran (¿aún más….?) la vida de la mujer posmo: un joven que se ofrece a cuidar a sus niños o a trabajar con ella (da lo mismo) y una ex pareja que –como dice la psíquica amiga- “la está acosando” o algo por el estilo.
La trama de Victoria y el sexo (2016) gira en torno a ella y al caso que involucra a su amigo; de sexo… poco, tal vez se olvidaron la interrogación. Por su parte, se supone que la protagonista es una workoholic, pero tampoco se evidencia fuera de sus propias palabras, este dato vendría a ser importante porque debería resolver parte de la trama…
Con momentos de humor muy evidentes y poco graciosos, un poco de drama mal dosificado y algo que no se sabe si es romance o qué… la película es profundamente intrascendente. No es para reir, ni para pensar, ni para… La verdad es que no hay mucho más que decir sobre lo que nada dice.
Por Jimena Bezares



