El film de Samuel Benchetrit se destaca por la sensibilidad, simpleza y picardía de sus personajes.
Tres historias protagonizadas por los vecinos de un edificio de los suburbios de una ciudad francesa, emocionan, divierten e invitan a reflexionar. Si bien se desarrollan en un mismo escenario, casi no se cruzan.
La comunidad de los corazones rotos (Asphalte, 2015) trata temáticas que son comunes a todos los seres humanos: amor, soledad, maternidad… Y lo hace desde un lugar sutil y entrañable. Porque sus personajes tienen vidas comunes, lejos de lo extraordinario, hasta que en su camino aparece otra persona que la transforma. Quizás el cambio parece mínimo -o no- pero es trascendente para ellos.
Por momentos la película resulta un poco lenta y es probable que el espectador espere más de lo que ocurre. Sin embrago, su estilo está ligado al clima que se vive en el edificio, un sitio desolado y aislado que necesita que un hecho significativo lo rescate del letargo.
Isabelle Huppert, Gustave Kervern, Valeria Bruni Tedeschi y Michael Pitt forman parte de un elenco coral que le aporta buenas actuaciones al argumento.
Benchetrit consolida una película sobre el inhóspito presente y lo que se espera -o ya no- del futuro. Sobre la esperanza y la importancia de tener a alguien con quien compartir las cosas simples de la vida.
Por Jimena Díaz Pérez



