A través de un cuidadoso estudio del extenso epistolario del artista, la película dirigida por Dotora Kobiela y Hugh Welchman invita a perderse en la belleza y locura de Vincent Van Gogh. Una combinación de técnica cinematográfica con pintura y ficción con documental.
El hijo del cartero, amigo del pintor, tiene que entregar una última carta de Vincent, tarea que su padre le encomienda. A partir de este suceso el público conoce los escenarios y los personajes de los últimos días del pintor.
Loving Vincent (2017) tiene una belleza superlativa. Es realmente mágico ver el movimiento que el pintor ya sugiere en su obra: una película para perderse en la pantalla y para ver tantas veces como la vista lo requiera. En su calidad de museo y revisión de su obra, es imposible evitar la contemplación y dejarse llevar por la hermosura.
Realmente imprescindible, como lo es el arte –en el real sentido del término- para las almas sensibles. Y como lo necesitan aquellas que ya se han endurecido. Más que una película es una experiencia.
Texto: Jimena Bezares



