John R. Leonetti tiene una sana obsesión con los objetos malditos. El director de Annabelle (2014) trae una nueva entrega de cuan terrorífico y gracioso es contar una historia sobre una “cosa antigua”.
Clare Shannon (Joey King) es una adolescente que carga con el peso del suicidio de su madre. Además vive en una casa humilde, su padre es un “reciclador urbano” con tendencia a acumulador compulsivo, no tiene auto y anda en bicicleta. Por todo esto, sus compañeros de secundario le hacen bullying. ¿Cuán dramática puede ser la vida de una adolescente de clase popular en los suburbios?
Un día su padre encuentra en un tacho de basura (imagen con la que también empieza la película) una caja china extraña y se la regala. Esta caja-cofre es ni más ni menos que una caja de música con sed de sangre y venganza, además de eso concede deseos pero quid pro quo, baby!, cada deseo –sí, la protagonista es adolescente la expresión etaria del exceso de deseo- exige algo a cambio. Con un tiempo extraño y sin entender mucho la relación causa-efecto Shannon sigue deseando incluso cuando entiende las consecuencias.
7 deseos (2017) es una obra maestra del género terror, comedia y catálogo de clichés de película de terror. Y es tan consciente de esto que en los créditos hacen como una suerte de homenaje al horror entendido en imágenes populares y universales. Obligatorio quedarse hasta el final de los créditos ya que hay yapa.
Desde jóvenes hablando del multiverso hasta un departamento atestado de símbolos de la cultura china. Reflexiones cargadas de humor sobre la adolescencia, el deseo, lo que se entiende por normalidad, lo que se entiende por terror y lo que se entiende por familia.
Ideal para grupos de adolescentes y adultos con sentido del humor, y con una cantidad de lecturas posibles que recorren de la sociología a la psicología. Y por qué no, un poco de historia del antiguo oriente. Candidata para volverse una película de culto, ideal para entendidos del género.
Texto: Jimena Bezares



