Esperando el tifón, una familia evalúa sus relaciones pasadas, presentes y futuras en el film de Kore-eda Hirokazu.
Ryota es un padre ausente, un ex marido que no termina de asimilar su separación y un novelista de un solo éxito. Con un trabajo temporario, en un ambiente temporario vive al día esperando un golpe de suerte que lo lleve a escribir otra novela, tener una buena relación con su hijo, recuperar a su esposa y, lo más importante, no convertirse en su padre.
La madre de Ryota es una verdadera matriarca que destila genialidad, falsa ingenuidad y ternura; y que sabe que el tifón es una fuerza que alivia siempre en todos los casos. Entre el paradigma de “los grandes talentos florecen tarde” y “un genio es evidente a edad temprana” el protagonista debe convertirse y reconvertirse en adulto. Algo que es, pero parece haber olvidado.
Su madre opera como conciencia y memoria de la familia, tratando de indicar pero no decir, y de decir pero no quejarse, y de quejarse pero riendo.
Después de la tormenta (After the Storm, 2016) es una película sobre las herencias, la paternidad y la insoportable gravedad de volverse el reflejo de los ancestros. Si bien los temas son universales, y por ende, su interés no prescribe la película de Hirokazu desperdicia buenos personajes y escenarios, de temporalidad aletargada y poca belleza estética. No termina de ser lo suficientemente sencilla y cuando intenta la poesía solo la logra de manera muy forzada.
Con el ritmo de la cotidianidad la película termina sin pena ni gloria.
Texto: Jimena Bezares



