Ante todo, Carnada (Something in the water, 2024) es cine de tiburones. Pero la sinopsis breve y oficial menciona lo siguiente: “Una boda de ensueño se vuelve mortal cuando cinco amigas se ven obligadas a enfrentar sus miedos y desafiar las aguas abiertas”. Con las primeras imágenes vamos a encontrar un poco de melodrama, algo de amor o desamor, un fragmento del paraíso para avanzar y concluir en el infierno. Pero todo esto queda en segundo plano, porque la narrativa es funcional al verdadero protagonista: el tiburón.
Eso queda bien claro desde el vamos. Analicemos el póster que funciona como una gran síntesis. Se muestra a cinco mujeres a la deriva en el mar. Las veremos en graves problemas a medida que la trama avanza. Pero continuando con la imagen publicitaria, más abajo, no hay dudas de qué se trata. Ahí está, el gran tiburón, el protagonista, el malo, en escala mayor.
Todo condensado en pocos elementos, porque aquí la historia no es la historia en sí, sino lo que hace el animalito. La boca del “criminal” exhibiendo sus colmillos, abierta a más no poder. Miedo, supuestamente. Al lado, a la misma altura una leyenda: “respira mientras puedas”. Parece un slogan. Pánico. Más hacia la
derecha, en segundo plano, otro tiburón, pero a este le cortaron la cabeza, es decir, podríamos anticiparnos a que las chicas van a luchar o intentar sobrevivir contra esas dos bestias o más. Terror. Ya lo verá usted cuando se siente en la butaca. Ansiedad. El tema, por pensar de alguna manera en esas criaturas acuáticas, es ver a quién se morderá primero. Suspenso. Porque la verdad, ante este subgénero, uno está esperando eso. Seguimos recorriendo la publicidad. En la parte de abajo está el título con letras blancas: CARNADA. Tiene un toque de rojo, indicando sangre e introducirnos en esa tragedia. Entonces, el mensaje construido, y sí, alguien saldrá lastimado. Suspenso. ¿Habrá muchas heridas? ¿Cuántas de las protagonistas van a morir? El poster como concepto, logradísmo. Un buen enganche.
En cambio, con el film dirigido por Hayley Easton Street, nos encontramos con un producto apenas rozando lo entretenido, en donde sus personajes toman decisiones poco afortunadas e intentan hacer lo que pueden con lo que tienen. Literalmente naufragan. Un poco de aventura. Situaciones un poco forzadas, hay que decirlo.
Muchas escenas fueron rodadas en el agua. Se impone un desierto de agua. Por momentos, el pelo de las mujeres está más seco, en otras más mojado, incluso en una misma secuencia de tiempo. Error. La construcción lineal avanza, pero lo visual se desequilibra por esos continuos saltos de continuidad. Filmar tantas escenas en el agua no debe ser fácil. Bastante bien logrado está. Pero ahí queda.
Si se salvan o no, no es la cuestión de esta crítica. Ellas intentan escapar de la bestia, esperando salvarse. También la película parece no querer huir de los convencionalismos, convirtiendo al producto en uno más del montón.
Esta descripción que llega a su fin, son solo una impresión personal. En todo caso usted, lector, póngase en el lugar del tiburón, “juegue” a ver la historia como si fuera una presa a cazar. Pruebe sus colmillos. Ser espectador de una película es un mar abierto, donde suceden cosas. Hay que observar y sobrevivir. Seguramente habrán descripciones no desarrolladas aquí, faltantes. Complételas. Haga su propia
interpretación sobre qué tan asesino es el animalito.
Por Luis Laffargue



